Uruguay | Estremecedor relato de las mujeres violadas y torturadas durante la dictadura – Euronews Español

Fueron violadas, torturadas, empujadas hasta el límite de la locura. Después guardaron silencio durante décadas, acalladas por la fuerza de la ley y por la presión de su entorno. Ahora, 35 años después del final de la dictadura de Uruguay, un grupo de mujeres se atreven a contar sus historias. Son relatos de horror, que expondrán el año que viene ante la Comisión Interamericana de Derechos Humanos.

Ana Amorós cuenta la primera vez que fue violada en la cárcel.

“Comenzaron con la desnudez en la Plaza de Armas. Te pasaban una fusta por todo el cuerpo. Y vos estabas con los ojos tapados, pero sabías que había un montón de gente, un montón de hombres ahí. En esos momentos sentías como que no querías ser mujer (…) __Yo siempre pensaba que, si un día pasaba eso (una violación), lo iba a morder, lo iba a arañar, lo iba a pegar en los genitales… No hice nada, nada, ni siquiera lloré“.

Yvonne Klingler y Luz Menéndez sufrieron la misma humillación e idéntico sentimiento de indefensión frente a la brutalidad de sus torturadores.

Me empiezan a duchar y empiezo a sentir alrededor voces de hombres, que empiezan a hablar de lo que me va a pasar. Vas a quedar en manos nuestras… Y empiezan a hablar sobre tu cuerpo: esto está bueno, esto va a ser para mí, relata Yvonne Klingler.

“Vas a rogar a Dios para morirte porque te vamos a hacer conocer el límite de la locura”

“Quédate tranquila que vos de aquí vas a salir viva -le dijeron a Luz Menéndez-. Eso sí, dice, vos que sos comunista, vas a rogarle a Dios para morirte, porque te vamos a hacer conocer el límite de la locura“.

Estas mujeres, que, en aquella época apenas tenían veinte años, han arrastrado el trauma psicológico y sexual todas sus vidas, unido al dolor de no poder y no saber cómo contar lo que les ocurrió. Una ley, aprobada en 1986, un año después de la vuelta de la democracia, impidió que se investigaran los crímenes de la dictadura.

Yvonne dice que se preguntaba, “¿__Cómo voy a contar esto? ¿Lo puedo contar?. Y segundo, ¿lo van a entender, algún oído va a entender esto?”.

Uruguay pasó página, para convertirse en uno de los países más desarrollados de la región y ejemplo de democracia. Pero bajo el manto de normalidad, las heridas siguen abiertas. La primera denuncia penal ante los tribunales no se presentó hasta hace nueve años. Los testimonios de estas mujeres demuestran que acallar la verdad no ha hecho que esta desaparezca.

Raimon: “Hay una parte de la sociedad que aún llora la dictadura” – EL PAÍS

Este hombre que está al teléfono publicó hace cuarenta años un diario en el que se puede leer: “(…) dejar las cosas para otro momento, pero ¿qué otro momento, si ya tengo cuarenta años? (…). El azar de cumplir años, cuando el calendario se acaba y obliga a hacer balance de lo que soy, de lo que hago y de lo que no hago”. Es Raimon Pelegero (Xàtiva, 1940), cuya primera canción, Al vent (1963) …

Octava condena a perpetua para torturador de dictadura argentina – FRANCE 24

Primera modificación:

Buenos Aires (AFP)

El exsubjefe policial Miguel Etchecolatz, emblemático torturador de la dictadura argentina (1976-83), fue condenado este miércoles a cadena perpetua por secuestros, torturas y asesinatos, la octava pena de este tipo que recibe por crímenes de lesa humanidad.

Tras poco más de dos años de juicio, el Tribunal Federal Oral de La Plata condenó a Etchecolatz, de 91 años, y a otros 15 represores por 84 casos de secuestros, torturas y asesinatos en el centro clandestino de detención que funcionó en la Brigada de Investigaciones de San Justo, al oeste de la capital.

De las 84 víctimas cuyos casos contempló este juicio, 19 siguen desaparecidas.

Recibieron condenas 16 de los 17 acusados, entre los que había expolicías, exmilitares y un civil. Diez tuvieron penas de cárcel de por vida, entre ellos además de Etchecolatz, un médico policial, tres expolicías y cinco exmilitares y el exministro de Gobierno de la provincia de Buenos Aires en dictadura, el civil Jaime Lamont Smart.

Antes de escuchar la pena, Etchecolatz se puso de pie y mostró, colgado de su cuello, un cartel blanco con la leyenda: “Señor Jesús, si me condenan es por haber defendido tu causa”.

La audiencia se transmitió por el canal de youtube del Poder Judicial.

Etchecolatz fue director de Investigaciones de la policía de la provincia de Buenos Aires entre marzo de 1976 y fines de 1977 y tuvo a cargo 21 cárceles clandestinas que funcionaron en ese distrito, el más grande del país.

El exsubjefe policial está señalado también por la desaparición en 2006 de Julio López, un albañil de 77 años que fue testigo clave en un juicio en su contra. López, que ya había estado secuestrado bajo la dictadura, salió de su casa hacia tribunales y nunca llegó; jamás se supo qué pasó con él.

Quedó comprobado que la Brigada de San Justo fue además “un centro de apropiación y distribución de bebés y niños ya que en la brigada hubo detenidas desaparecidas embarazadas que dieron a luz en cautiverio y niños que permanecieron secuestrados con sus padres”, de acuerdo a un documento unificado de las querellas.

Unas 30.000 personas desaparecieron en la dictadura, según organismos de derechos humanos.

Se estima que unos 400 bebés fueron robados y apropiados (entregados en adopción ilegal), de los cuales 130 pudieron recuperar su identidad.

Autor del libro sobre juventud y dictadura en Chile: Jaime Guzmán y Vittorio di Girólamo fueron “los artífices fundamentales de la religión política” del régimen – El Mostrador

Los más ordenaditos –del académico Yanko González y la editorial Hueders– es una investigación que cruza historia, antropología y la memoria de Chile, España e Inglaterra, que habla sobre las “juventudes de Estado” que fueron leales a la dictadura cívico-militar chilena, del papel que jugaron organizaciones como la Secretaría Nacional de la Juventud (SNJ) y el Frente Juvenil de Unidad Nacional  (FJUN).

“Desde el punto de vista teórico, el libro rehabilita la noción de fascismo como categoría heurística para leer la dictadura en su tentativa de adoctrinar, movilizar y fidelizar a las nuevas generaciones a través de sus entidades juveniles, las que se erigen como uno de los únicos casos en América Latina de ‘juventudes de Estado’, es decir, aquellas organizaciones de jóvenes incardinadas en el aparato estatal, creadas como respuesta y estrategia totalitaria para sostener los regímenes de las que dependían, expandir o proteger a la nación de los ‘enemigos’ externos e internos y ser ejemplo, corazón e hipérbole del ‘nuevo orden’ a edificar”, explicó González sobre el libro que acaba de ser publicado.

González destacó que el fascismo fue el primer movimiento que descubrió y valoró el capital de la disciplina, movilización política y la agresividad de los jóvenes en la ejecución y consecución de su proyecto. De hecho, según el autor, el fascismo inventó la milicia de partido como una forma característica de organización política, lo que le dio una ventaja considerable con respecto a todos sus rivales.

Mediante archivos documentales y relatos de vida de los principales dirigentes de la Delegación Nacional de Juventud y la Organización Juvenil Española –el “Frente de Juventudes”-, el texto expone que las orgánicas chilenas son herederas directas de las “juventudes de Estado” franquistas y, a través de ellas, de las Hitlerjugend alemanas y los Balillas italianos.

“Entre las tesis fundamentales, el libro postula que en la primera década del régimen dictatorial, Chile vivió un proceso real de fascistización –’fascismo en progreso’– a través de sus políticas juveniles expresadas, en lo sustantivo, en las acciones institucionalizadas de adoctrinamiento y puesta en marcha de una religión política destinada a generar una adhesión ‘mística’ y ‘combativa’ al régimen y asegurar su reproducción, como la organización de los actos de masas de Chacarillas, pero también los desconocidos ‘Chacarillas Regionales’, organizados en todo el país”, detalló el autor.

Aniversario de las SNJ (1974). Fotografía gentileza de Yanko González.

Junto a ello y en su parte final, el libro analiza documentos inéditos de Jaime Guzmán –artífice de la materialización tanto de la SNJ como del FJUN– dirigidos a la Junta de Gobierno en 1973, que corresponden a un corpus de imágenes de los máximos dirigentes de las juventudes de Estado franquistas de visita de trabajo en Chile con los generales Pinochet, Leigh y Mendoza. Un registro oficial de intercambio entre las organizaciones hispanas y chilenas.

Años de investigación

Para escribir su libro, González realizó una investigación de varios años. Fue un largo camino y sucesivos proyectos de investigación que comenzaron en Chile en 2010, prosiguieron en España y finalizaron en Inglaterra hasta fines de 2019.

El libro fue realizado en el marco del proyecto de Investigación “De las juventudes de Estado a las culturas juveniles hegemónicas: Dictadura, fascistización y conexiones generacionales (España y Chile 1973–1981)”, financiado por el programa Postdoctorado en el Extranjero Becas Chile de CONICYT y el proyecto “Cultural Narratives of Crisis & Renewal” (CRIC), financiado a través de Horizon 2020 Marie Skłodowska-Curie Actions, Research Innovation and Staff Exchanges, con base en la Universidad de Newcastle, Reino Unido.

“En términos muy generales, la idea de estos estudios era dar cuenta de aquellas juventudes más ensombrecidas en la dictadura y en los años más opacos, es decir, la primera década del régimen. Se sabía bastante sobre los diversos colectivos juveniles antidictatoriales, situados en el mundo urbano-popular y universitario, pero se sabía muy poco sobre aquellos jóvenes, más allá de las cúpulas y dirigencias, leales a Pinochet, sobre todo porque sus huellas fueron destruidas y muchos partícipes se ‘diluyeron’ históricamente”, relató González.

El académico explicó que la investigación tuvo varias etapas y agradeció la “enorme generosidad” de muchos amigos y colegas antropólogas, que “vieron en mi empeño algo importante que desentrañar histórica, política y culturalmente, más allá de lo difícil e incómodo que resultara”.

“Este es un trabajo histórico, con un denso trabajo documental, pero simultáneamente etnográfico, que implicó entender el mundo desde la perspectiva de los actores, interpelando las zonas sagradas de la memoria y que están en las antípodas de lo que creo, pienso y viví también en esa época. Como imaginarás, muchos de los partícipes activos y leales a las dictaduras de Pinochet y Franco no estaban dispuestos a ser biografiados o entrevistados y, a veces, los encuentros fueron frontales, duros. Al igual que en el arte o la poesía, la antropología ‘investiga sintiendo’ y este libro me dejó muchas secuelas en términos humanos”.

La importancia de la juventud

El libro refleja cómo la juventud se convirtió en un grupo deseado por la dictadura de Pinochet y, en general, es un espacio en constante disputa por parte del poder. “Tanto a las Fuerzas Armadas como a la derecha civil les urgía instalar un discurso ‘pro juvenil’, que capitalizara velozmente la adhesión activa de los jóvenes que habían apoyado el golpe de Estado o que se hubiesen situado en contra de la Unidad Popular”, explicó el autor.

Agregó que la Junta de Gobierno y particularmente Jaime Guzmán, entendían el rol gravitante de la juventud como actores decisivos, dinamizadores –y potencialmente peligrosos– en los procesos de transformación política y social, por tanto, junto con diezmar y disciplinar física y simbólicamente a las juventudes disidentes y hostiles (tarea que cumplían los organismos de seguridad y las FF.AA), se plantearon fidelizar y fundamentalmente, movilizar a los jóvenes en favor del régimen para defenderlo y reproducirlo.

Fotografía gentileza de Yanko González.

Para ello, situaron a la juventud en una posición institucional nunca antes alcanzada al interior del Estado. “Fíjate en esto, a solo un mes del golpe, la dictadura crea la primera agencia estatal en la historia del país, de alto rango ministerial, activa y focalizada hacia los jóvenes y en todo el territorio nacional, la Secretaría Nacional de la Juventud o SNJ. La rápida creación de la SNJ en pleno período de ‘guerra interna’ e inestabilidad decisional –antes incluso, de la elaboración y promulgación, en marzo de 1974, de la Declaración de Principios del Gobierno de Chile– expresa la avanzada claridad estratégica de centrar en los jóvenes una intervención planificada, tanto de persuasión y fidelización como de coerción y coacción, para construir un determinado modelo de juventud y una base social de apoyo fiel a la dictadura”, comentó González.

En sus palabras, lo importante de todo esto, al menos en este “estrato” interpretativo, es que ello se deriva de una compleja estrategia, de largo aliento, reflexionada, argumentada y puesta en práctica a partir de un conocimiento “juvenológico” profundo de Jaime Guzmán, tal como se demuestra en el anexo documental de este libro, con el extenso memorándum inédito del abogado gremialista dirigido a la Junta, donde fundamenta la creación de la SNJ, así como lo que será después el Frente Juvenil de Unidad Nacional.

El proceso de “fascistización”

Más allá de sumar un activo apoyo civil, hubo otras implicancias políticas que tendrían esta “predilección” de la dictadura por la juventud. En ese sentido, González destacó una que permite entender y discutir estas acciones gubernamentales y el culto a la juventud, no como elementos accesorios de la identidad política del régimen de Pinochet, sino como rasgos que lo definen sobre todo en el período 1973-1983, y esto es, básicamente, la puesta en marcha de un proceso real de fascistización.

Para el académico esto fue crucial, puesto que las ciencias sociales abandonaron tempranamente –a fines de los 70– la categoría “fascismo” para estudiar la segunda oleada de dictaduras en América Latina, ya que si bien apreciaron estos regímenes como una “reacción” violenta del capital local y transnacional, a través de la mano militar y el control policial terrorista, finalmente los entendieron como dictaduras desarrollistas, burocráticas, autoritarias y no totalitarias, en la medida que no tenían un partido único, despolitizaron a la sociedad civil o no promovieron la movilización de masas.

Al estudiar en profundidad estas orgánicas juveniles creadas por la dictadura, es decir, desde las voces dirigenciales hasta las biografías de militantes de bases, documentando y analizando todo su repertorio de acciones, relaciones e impacto en las subjetividades juveniles en todo el país, González se dio cuenta que aquellas características “faltantes” del fascismo como régimen, la dictadura chilena las suple decidida y progresivamente: crea “juventudes de Estado”, como la SNJ y el FJUN, que fungen como “partido único”, destinadas explícitamente a movilizar política y “espiritualmente” a la sociedad civil en los principios nacional-catolicistas y filocorporativistas –al menos en los primeros años– para dar soporte y legitimidad al régimen, así como también –esto es importante– rendir culto al líder, Pinochet.

“Hallazgo gravitante”

La asociación de las políticas para atraer a la juventud por parte de la dictadura, a las implementadas por Franco en España, fue para el autor un “hallazgo gravitante” en la investigación. González contó que, como era esperable, la mayor parte de la documentación oficial de la SNJ y el FJUN había sido destruida y algunas investigaciones precedentes lograron distinguir las similitudes de nombres, inspiración o “aire” de las orgánicas juveniles franquistas inscritas en las entidades chilenas. Sin embargo, al desclasificar archivos no purgados en Chile y en distintas ciudades de España, descubrió que este “aire” organizacional e ideológico no era una mera coincidencia o inspiración lejana, sino la constitución de un modelo apropiado directamente de las orgánicas juveniles del régimen franquista.

Portada revista Qué Pasa, septiembre (1976). Fotografía gentileza de Yanko González.

Y eso tuvo implicancias importantísimas, pues refuerza decididamente una de las tesis mayores del libro: la experimentación de un “fascismo en progreso” por parte de la dictadura pinochetista, en la medida que fundó -único caso en América Latina- “juventudes de Estado”, las mismas que creó el nazi-fascismo y bajo las mismas nociones simbólicas, políticas e ideológicas de juventud.

El Frente de Juventudes fue un colectivo encuadrado, militante, incardinado en el Estado, socializado y adoctrinado por este, creado para defender y ser reservorio generacional del régimen totalitario del que formó parte, según señala el libro. “He ahí una de las claves para entender por qué Guzmán empuja al régimen a crear este tipo de entidades en Chile, mantener relaciones directas y apropiarse velozmente del modelo peninsular”, destacó el autor.

Lo curioso es que –junto con descubrir, a partir de entrevistas con los máximos dirigentes de las juventudes franquistas, las relaciones asiduas entre las entidades chilenas y españolas– entendió por qué el Frente de Juventudes (renombrado como Organización Juvenil Española en el tardofranquismo), que venía muy de capa caída en términos ideológicos y épicos con un falangismo de cariz fascista muy desdentado y que convirtió sus juventudes desde mediados de los 60 casi en jóvenes boy scouts, hacia 1973 tiene un profundo vuelco a sus orígenes, se vuelve a fascistizar radicalmente con la llegada del ministro Utrera Molina, acérrimo falangista, que impondrá, recuperará y revitalizará toda la parafernalia ritual y doctrinaria fascista en la OJE, para defender las últimos rescoldos del régimen de Franco de todo atisbo de apertura democrática. El punto es que este es el preciso momento en que la SNJ y el FJUN establecen los intercambios presenciales y formativos con sus organizaciones “hermanas”.

La adhesión mística

González utiliza el término “adhesión mística” para explicar la forma en que se buscaba “seducir” a la juventud y pone como ejemplo los actos de Chacarillas, que –señaló– fueron clave.

Para el académico, el hecho de fundar “juventudes de Estado” no convertía a la dictadura chilena mecánicamente en un régimen fascistizado. La clave –en sus palabras– estuvo en el contenido y acciones que se les encomendó a estas juventudes.

A partir de una amplia evidencia histórica y etnográfica, demuestra la acción en “terreno” de estas orgánicas a partir de los sujetos que idearon las instancias formativas y de adoctrinamiento, los contenidos y acciones rituales, así como las voces de los jóvenes que fueron socializados y participaron en todas estas instancias, desde campamentos, capacitaciones y juramentos hasta las diversas liturgias políticas.

El concepto de “adhesión mística” en sí mismo fue acuñado por Jaime Guzmán, precisamente, para hacerle ver a la Junta de Gobierno que se requería más que una acción política “racional” para atraer a la juventud, sino que urgía una épica y una mística que desatara un éxtasis sicológico y emocional entre los jóvenes, que transformara la mera simpatía política en fidelidad, en credo. “En este sentido, el énfasis solo en el acto de masas de Chacarillas de 1977 y en Santiago, no ha ayudado mucho a la sociedad chilena a comprender la envergadura y extensión de un proyecto velado, pero importantísimo de Guzmán y las Fuerzas Armadas, en cuanto a instalar una verdadera religión política en pos de su prolongación”, reflexionó González.

Aunque se cree que la ritualidad y parafernalia de Chacarillas es una excepción dentro de la parquedad política del régimen, para González no se ha entendido que en rigor fue una de las múltiples cadenas de interacción ritual y formativa de raíz y cariz fascista, ideadas, diseñadas, planificadas y materializadas desde 1975 y hasta entrados los años 80 en todo Chile.

Por ello, el autor se concentró en un capítulo completo del libro a dar cuenta de la profusa labor formativa en términos ideológicos y emocionales, que instaló la SNJ y el FJUN en todo Chile para hacer de los jóvenes “mitad monjes, mitad soldados”. Y seguidamente, se enfocó en estudiar varios enclaves regionales, reconstruyendo los Chacarillas “locales” y los campamentos de adoctrinamiento masivo a la juventud que operaron en todo el país.

En su opinión, la mayor parte de estas vigorosas y extensivas acciones tenían un patrón simbólico común, clásico, por lo demás, en los fascismos canónicos, y que marcaban el paso de una religión civil, republicana, es decir, los típicos ceremoniales dedicados a conmemorar a la bandera, a ciertos héroes patrios, civiles y militares, a una religión política, ultranacionalista, palingenésica (regeneradora) y refundacional, donde predomina el culto al líder, a los mártires militares y se deifica y mitifica a la juventud, pues en ella se simboliza el “nuevo orden”. “Ahí descansa el núcleo de la fascistización real del régimen”.

Gentileza Yanko González.

La figura de Luis Cruz Martínez

En el caso chileno, se propuso una empresa de gran calado para amplificar la heroificación juvenil de los “77 mártires de La Concepción”, sintetizados en el más joven de todos, Luis Cruz Martínez. En torno a él se organizaron actos de masas juveniles, se creó el día nacional de la juventud, se hizo documentales transmitidos por cadena nacional, se realizaron procesiones con antorchas a su casa natal, se propuso colgar en los colegios públicos su retrato, se colonizó la prensa y los planes de estudio con su biografía resignificada, agregó González.

En ese sentido, Luis Cruz Martínez fue la figura clave o el modelo simbólico fundamental para elaborar esta religión política y adhesión en la juventud. De hecho, según González, a los jóvenes se le compele a reencarnarse en los 77 de La Concepción, especialmente en Luis Cruz Martínez y del que Pinochet decía en los actos de masas: “’Dulce y bello es morir por la patria’… Sentencia que hoy bajo el nombre de Luis Cruz Martínez simboliza a todos los jóvenes chilenos que reunidos reafirman la grandeza de Chile”.

Y aquí cabe puntualizar algo que para el autor es interesante. “Políticamente, por sus efectos emotivos y movilizadores, Luis Cruz Martínez rinde simbólicamente mucho más que Diego Portales, otra figura de culto en la dictadura. Cruz es más eficaz porque el sentido del que lo dotan, tanto Jaime Guzmán y el arquitecto Vittorio di Girólamo –artífices fundamentales de esta religión política–, es que Cruz lucha para preservar lo más puro de la nación y lo ‘conquistado’ –un país, un nuevo orden–, defendiendo todo ello del enemigo externo –’comunismo internacional’– con gallardía hasta el martirio”, subrayó.

De este modo, según González, los jóvenes serían los adalides de la tarea refundadora de sus heroicos gobernantes, por tanto, responsables hasta el sacrificio de regenerar, con su valía moral y entrega juvenil, una nueva historia patria, de la mano de Pinochet, puente entre el panteón sagrado del pasado y del futuro. Todo ello, vivenciado en sucesivas experiencias rituales que convierten estos contenidos en fe.

Por lo mismo, el académico insiste en su libro en que debe entenderse que estos diversos Chacarillas (en Valdivia se hacían en Los Torreones, en Punta Arenas en el Fuerte Bulnes, en Lebu en el cerro La Cruz, entre muchos otros), hacen que surjan sentimientos colectivos que actúan sobre las conciencias de los jóvenes y de toda la sociedad.

Fotografía gentileza de Yanko González.

Su eficacia –afirmó– radica en que estos actos de masas o las ceremonias de promesas de fidelidad al régimen en los campamentos juveniles, son textos multisensoriales y se constituyen en un “paralenguaje”, pues la palabra queda subordinada al contexto de una puesta en escena fundamentalmente multimedial, con sus silencios, himnos, banderas, lienzos, uniformes, antorchas y flamas contrastando con la noche, lo que transforma el pasado mítico –los 77 mártires de La Concepción– en presente místico y la doctrina conceptual, en experiencia real. Los testimonios de quienes participaron son alucinantes, viven un verdadero éxtasis, una transfiguración.

“En este sentido, si sabemos que el fascismo, como lo expresara el historiador Giovanni Gentile, no es una filosofía que piense por sí misma, sino más bien una filosofía que actúa por sí misma, por lo tanto, una filosofía que no se proclama y se afirma con fórmulas, sino a través de la acción, son los jóvenes los primeros responsables de materializar estas ideas a través de su praxis como creyentes y combatientes”.

Y aunque esta fuerte relación entre fascismo y juventud da cuenta de una tentativa de construcción real de un régimen fascista, González destacó que ello ocurrió en los primeros diez años. “Finalizado el régimen franquista, la dictadura y Guzmán dejan claro que este proceso era instrumental, usan la parafernalia y algunos elementos retóricos e ideológicos definitorios del fascismo para afianzarse y abandonarlos. A partir de 1983 es otra historia, se crea la UDI, las protestas nacionales imponen a la dictadura otro derrotero. Pero creo que lo importante es entender que la juventud no es una metáfora de la sociedad, es una hipérbole que, en este caso, muestra con nitidez lo que sucedió en nuestro país en nuestro pasado reciente”, concluyó.

Jueza declara no culpable a “tik toker” crítico de la dictadura – La Prensa (Nicaragua)

Luego de cuatro audiencias de juicio el tik toker opositor a la dictadura, Kevin Monzón Mora, fue declarado no culpable por la jueza María Iveth Pineda Gómez, titular del Juzgado Sexto Local Penal de Managua, en un proceso judicial que estuvo lleno de irregularidades y que fue considerado político por la abogada defensora, Yonarqui Martínez.

«Lo declararon no culpable, creo que en este caso era demasiado evidente que se declarara culpable cuando no hubo pruebas y solicité la clausura anticipada del juicio de acuerdo al (artículo) 305 porque la prueba era insuficiente; osea las únicas dos personas que llegaron y que propuso la parte acusadora dieron relatos completamente diferente y se contradecían», consideró Martínez.

El juicio fue suspendido en dos ocasiones por la judicial Pineda Gómez a petición del representante del Ministerio Público (MP), mientras la abogada del procesado aseguró que la supuesta víctima de Monzón, el pasado cinco de noviembre había reconocido que no fue amenazado por el tik toker.

Lea también: Juan Sebastián Chamorro denuncia ante Naciones Unidas el «Managua por cárcel» que le impuso la dictadura

Sin temor a la dictadura

Monzón dijo sentirse agradecido y contento por el veredicto judicial. «Había mucha gente rezando por mí. La dictadura tenía que dejarme en libertad porque no habían pruebas para culparme. A pesar que me detuvieron un tiempo y que me procesaron, eso no me va a detener para seguir exigiendo la libertad de presos políticos y porque haya justicia y democracia en Nicaragua», aseguró.

En este caso la supuesta víctima fue un taxista, José de la Cruz Usaga, quién interpuso la denuncia en la Policía Orteguista (PO) y fue usado para intentar dejar las tras las rejas a Monzón. En la relación de los hechos, éste dijo a los uniformados que el joven sostuvo una discusión con él y luego lo amenazó con un cuchillo cuando lo trasladaba en su taxi.

Te puede interesar: Cuando la prioridad para la justicia de Nicaragua ha sido Daniel Ortega

El tik toker criticó que la supuesta víctima dijo a la PO que el hecho había ocurrido el pasado dos de agosto, cuando en realidad ocurrieron el pasado 14 de julio. «El dos de agosto a mí la Policía me tenía preso, ¿cómo voy a cometer el supuesto delito si estaba encerrado?, eso es ilógico», cuestionó Monzón.